¡AHHHHH! –grito la rubia quien se abrazó al azabache ocultando su cara en su brazo y volviendo a temblar—
¡ahora entiendo porque no dejan entrar a niños solos! –Grito el pequeño quien se aferró de igual forma al azabache temblando de miedo, esos dos sí que eran iguales—
Sonrió de medio lado. Esta vez la elección no estaba del todo mal.
La casa de los horrores
En aquel parque había dos de ellas, una para niños, a la cual el pequeño se adentró y encontró de lo más falsas y aburridas, sintiéndose poco menos que estafado, y había otra para los más grandes. Como el no cumplía aun los 10...