Apenas reconocí a la chica del espejo del ascensor. En los meses transcurridos desde que conocí a Harry, había cambiado de un modo que no esperaba.
Tenía constantemente un poco más de color en las mejillas, llevaba un poco más de peso en las caderas, mis ojos ya no estaban apagados y mi sonrisa era un poco más cálida. En Valentino, brillaba. Era una mujer que disfrutaba viviendo y no simplemente sobreviviendo de un día para otro.
El vestido, que valía la mitad de mi salario anual, hizo maravillas en mí. Era una especie de vestido de Cenicienta, capaz de transformar a una persona normal en algo más grande. Sin...