Entré en la casa de Harry en Belgravia con la llave en la tira de terciopelo esmeralda. Tenía todos los elementos decorativos de última hora en mis manos, algunas velas, cojines y una alfombra sobre mi hombro, y corrí para colocarlos en su lugar antes de que llegara Harry. Era el recorrido final y, como siempre, estaba nerviosa.
Con las últimas dos semanas yendo tan bien, con Harry y yo logrando hacer trabajo sexual sin ataduras, Drew no apareciendo en mi vida y logrando la remodelación de una casa de campo por valor de más de un millón de libras, estaba especialmente nerviosa por la reacción de Harry a el...