Las visitas que, en primera instancia, prometieron ser cada dos meses, se modificaron a cada tres o cuatro meses.
En tanto el tiempo transcurría, Nathan perdió toda esperanza de salir de allí.
Su cuerpo perdía peso a medida que los días pasaban. Sus labios se veían resecos y sus manos se volvieron ásperas luego de obtener un trabajo de limpieza dentro de la cárcel. Con el transcurso del tiempo, pasó a dar tutorías de educación básica a otros reclusos, lo cual le ayudó a ganarse la cordialidad de algunos de sus compañeros.
—Fuma conmigo —le exigió un día Cristóbal, un hombre que llevaba cinco años por el crimen de robo....