Nathan, en su celda, no conseguía deshacerse de ese nudo constante en el estómago provocado por sus propias reflexiones. Asimilaba la noticia de su próxima liberación, que le habían comunicado sus abogados y su padre. Era consciente de que aún quedaban algunos pasos antes de salir en libertad.
Días posteriores, sus abogados le explicaron las condiciones de su liberación y se aseguraron de que comprendiera las restricciones que debía cumplir para evitar problemas futuros. Luego, en la oficina del alcaide, Nathan firmó los documentos necesarios para su salida, que incluían el acuerdo de cumplir con las condiciones impuestas. Más tarde, tuvo una breve reunión con el agente de libertad condicional,...