—Hola tía —saludó Ema alegremente mientras el teléfono descansaba entre su oreja y su hombro, mientras sus manos se ocupaban de desempacar su caja.
—¡Emalinne! —llamó su tía un poco más contenta que de costumbre. Sólo habían pasado días desde la última vez que supo de su sobrina, pero a ella le parecieron meses. Dios, estaba feliz de saber de su sobrina.
—¿Cuándo has vuelto? No, ¿cómo fue la luna de miel? Has visto mi regalo, ¿verdad? Por favor, dime que todo fue genial —preguntó Josephine al mismo tiempo, lo que hizo que Ema soltara una ligera risa. La verdad es que ella también echaba de menos a su tía....