Christopher golpeaba los dedos de su mano derecha sobre su regazo con impaciencia, sin parar. Su cuerpo estaba muy presente en la sala en la que la empresa solía celebrar sus reuniones, pero su mente estaba lejos, en otro lugar. Era algo que se había hecho más frecuente en los últimos días desde que se enteró del nuevo secreto de su madrastra. El investigador tenía razón. Conseguir un poco más de información sobre lo que realmente pasó con ella y cómo demonios acabó en el psiquiátrico era algo que le intrigaba cada vez más. A veces pensaba en la posibilidad de que ella guardara su secreto con más fuerza de...