La novicia
Cassy
Nos encaminamos a la salida, me despedí de su secretaria, pero no de la recepcionista que pareciera que se chupo un limón, curiosamente cuando Balth se giró hacia ella para dejarle las instrucciones de no dejar pasar a la intrusa ella cambió la mueca horrible como por arte de magia.
—¿Qué le decimos a las monjitas?
—Tranquilo, solo se tú.
—No tienes un plan ¿cierto? — adivinó.
—No, solo apelare a su buen corazón — fui sincera.
—Solo diles tu plan —le aconseje —solo voy por si debo salvar tu trasero.
—Mi trasero está bien, es mi caso de bolas azules lo que me preocupa —lo dijo...