De noche, justo después de una ducha, me preparaba para acostarme. Hoy me sentía un poco mareada y no muy bien, así que quería descansar temprano.
Sin embargo, el teléfono en la mesita de noche sonó en el momento menos oportuno.
El timbre del teléfono era urgente y persistente, como una llamada de auxilio.
Al ver el identificador de llamadas, no exagero al decir que era una situación seria.
El que llamaba era uno de los hermanos de Pedro.
—Fernanda, Pedro está borracho. ¿Podrías...?
La voz del hombre, rara vez llena de disculpas.
Antes de que pudiera terminar de hablar, supe lo que quería que hiciera.
Seguramente era otro truco...