Liliana apoyó mi decisión de divorciarme con fervor, y hasta me ayudó a contratar al mejor abogado. Sin embargo, Adrián pensaba que estaba actuando por despecho. Creía que con una disculpa y un poco de dulzura podría arreglarlo todo.
Durante varios días, cocinó personalmente y trajo la comida al hospital.
—Gabriel, el divorcio no es algo que se deba tomar a la ligera. Llevamos muchos años juntos, no podemos simplemente separarnos. La muerte de Julia me duele tanto como a ti, pero aún tenemos a Pepe. Te prometo que de ahora en adelante cuidaré bien de ustedes...
Sus palabras solo me llenaron de desdén.
—Adrián, ¿has preguntado alguna vez por...