Irina.
No hizo falta que Ava me contara que había pasado la noche anterior, lo supe nada más verla entrar en la casa de la manada, y no hacía falta que oliera el olor del beta en ella, no hacía falta que descifra esa sonrisa de gata golosa que había acabado de forma desesperada y glotona con toda la leche que se le había servido, y aun deseaba más. Sólo tenía que intentar soportar esa sensación de felicidad, satisfacción, deseo y amor, que transmitía hasta casi agobiarme es loba casi saciada.
- “¡Eh! Golfa escocesa, ¿aun puedes caminar?”- le pregunté cuando se acercó a mí, mientras Bella suspiraba de envida...