Capítulo 44 —Esa sonrisa baja bragas…
Ginebra:
—Buen día, señorita LeBlanc ¿En qué le puedo ayudar?
Encontrándome casualmente a Aurora en la recepción del lugar, ella se acercó a mí luciendo una gran sonrisa, mientras que los demás a sus espaldas se movían de un lado a otro ocupados en sus labores.
—Hola Aurora, que bueno verte. Vine a hablar con tu jefe.
La amable chica asintió invitándome a seguir, y abordando el elevador las dos permanecimos en silencio, hasta que ella preguntó.
—¿Fue extraño que él se viniera así nada más? Sin despedirse ¿Cierto?
Palidecí por eso al igual que mis piernas temblaron levemente ¿Acaso ella sabía que Jordán...