Chapter 6 El reflejo en el espejo

Chapter 6 El reflejo en el espejo

Capítulo 6 — El reflejo en el espejo

Ginebra:

Sintiendo el martillar de mi corazón resonar en mis oídos, me quedé rígida ante lo que estaba sucediendo ¿Jordan de ahora en adelante sería mi hermanastro? Tragando el nudo en mi garganta, estreché la mano que me tendía más por obligación que por gusto, y disculpándome una vez me liberó, caminé lo más rápido que mis pies me lo permitían, alejándome de ellos. ¿Cómo podría volver a mirarlo, después de lo que sucedió entre nosotros? Luego de pasar una intensa noche, que disfruté como nunca en mi vida; tras de disfrutar como me hizo suya más de una vez. Dirigiéndome al tocador, cerré la puerta a mis espaldas sintiendo que el corazón saltaría de mi pecho, y caminando hasta el lavado, me aferré a él, con la esperanza de despertar de mi pesadilla.

—¡Jordan, es hijo de Oliver! —Tratando de asimilar que esta era la cruda verdad, bajé mi rostro mientras intentaba llenar mis pulmones de aire, y comprendiendo, que mientras más tardara en asimilar lo sucedido, más difícil sería; me observé al espejo por unos segundos —¡Vamos Ginebra, tu puedes! Él no debe significar nada para ti.

Lo más sensato era salir de allí, y actuar como si nada, fingir amnesia, tal vez de ese modo los dos dejaríamos ese hecho solo como un recuerdo, por lo que arreglando el corpiño de mi vestido, me armé de valor para regresar a la fiesta. Girando sobre mis talones caminé despacio hasta la salida, y elevando mi mano, tomé el pomo de la puerta para abrirla, llevándome la mayor de mis sorpresas al hacerlo. Era él, Jordan. Se hallaba de pie frente a mí, con sus enigmáticos ojos azules, que recorrían mi cuerpo entero de manera luju*riosa, con esos labios carnosos que moría por besar, y vistiendo un impecable traje que se ajustaba a la perfección a su tonificado cuerpo. Sin decir nada más, él solo me tomó de los hombros, y sintiendo mis piernas temblar, de una vez me empujó al interior del baño; me quedé en shock cuando cerró la puerta a sus espaldas.

—¿Qué crees que estás haciendo, Jordan? —Pregunté en un hilo de voz, sabiendo que esto era una locura.

Jordan:

No podía creerlo, hacía muchos días que la buscaba por red*es soci*ales, incluso fui a la discoteca varias veces, pero nunca volvió. Por el nombre de Ginebra, más allá de que no es muy común, no pude encontrar nada en lo absoluto; realmente me había descolocado. No sé todavía por qué, pero verle en la fiesta me puso muy contento, hasta que me la presentaron como la hija de la esposa de mi padre, convirtiéndose así en casi mí hermana, hasta ese momento, albergaba la esperanza de repetir esa noche, mejorada, por supuesto. Al estrechar su mano, pude sentir una electricidad que nunca había sentido y eso hizo que hasta los bellos de mi nuca se erizaran. Pero ella soltó mi mano y se excusó para salir casi corriendo. Momentos después, yo estaba con Patricio, contándole justamente que Ginebra era la muchacha de esa noche.

—¡No me jodas, Jordan, y ahora es tu hermana!

—No digas estupideces, Patricio, ella no es mi hermana, a lo sumo mi hermanastra, igualmente mi padre no me va a dejar acercarme a ella.

—Bueno, sí, tienes razón, no es nada tuyo. De todas maneras, como bien dices, tu padre no va a dejar ni que te le acerques.

—Pero tengo que… —Y fue cuando la vi pasar rumbo al baño, no podía desaprovechar esa oportunidad, sabía que no tendría otra.

—¿A dónde vas? —me dijo Patricio tomándome de un brazo

—Ya suéltame, Patricio, esto es importante —zafé de su agarre y casi corrí.

Cuando llegué a la puerta dudé si entrar, pues no tenía en claro que decirle, así que pensé que no era buena idea y cuando iba a girar para irme, la puerta se abrió y la tuve frente a mí, a escasos centímetros, ¡y vaya!, esa mujer era una tentación irresistible, a lo que sin pensarlo, la empujé de los hombros al interior y cerré la puerta trás de mí

—¿Qué crees que estás haciendo, Jordan? —me preguntó con la voz temblorosa

—No tengo ni idea, pero quiero hablar contigo

—No creo que el tocador para dama sea el lugar correcto

—Yo creo que sí, porque la palabra “tocador” hace que tenga ganas de tocarte —y mi cabeza comenzó a imaginar miles de maneras de tocarla

—Por favor, Jordan, en serio —esa súplica en un susurro me excitó aún más

—En serio, ¿qué? —y le corrí el mechón que se le había escapado del peinado, para ponerlo detrás de su oreja, con el índice acaricié su lóbulo y pude ver cómo se erizaba su piel —¿Acaso no pasaste bien esa noche?

—No se trata de eso, se trata de que ahora, somos hermanos.

—¡No!, ¿tú también con esa tontería?, no somos hermanos Ginebra, nada más lejos que eso —y me fui acercando muy lentamente, no ponía resistencia

—No te acerques tanto —dijo ella, de todas formas continué

—No puedo evitarlo, adoro la vista que tengo desde aquí arriba —pues esa mujer tenía unos senos increíbles y se había puesto un vestido con un escote que llevaba a la gloria, solo de mirarlo mi boca se llenaba de saliva.

—¡Eres un descarado!

Me dijo eso y trató de irse, la tomé de un brazo para impedirlo, se dio vuelta y quedó de espaldas a mí frente al espejo, me estaba haciendo perder la cordura, así que me pegué a su cuerpo y le pasé una mano por el muslo, ese que llevaba al descubierto, por el tajo de su vestido, levantó la cabeza y me miró por el reflejo del espejo. Le enterré la nariz en su cuello.

—No te haces una idea como deseaba volver a sentir el aroma de tu piel —le murmuré al oído —me has dejado tus medias de recuerdo y eso me está volviendo loco

—Jordan, te lo suplico, déjame ir —rogó

—No, mi vida, eso no va a pasar —sentencié. Le corrí el cabello del cuello para posar mis labios en él y hacerle sentir el calor de mi lengua, mientras le deslizaba mi otra mano por el tajo de su falda, hasta colarme debajo de sus bragas —¡Oh por Dios, Ginebra! estás empapada, dime acaso que no quieres que te toque —pero ya no me respondió y cuando al fin deslicé mi dedo sobre su intimidad, soltó un largo gemido, así que con mis pies en sus tobillos la obligué a separar las piernas y la seguí atacando con mi mano, mientras mi boca recorría su cuello y mi otra mano se deslizaba por el escote de su vestido, aprisionando uno de sus senos y jugando con su pe*zón. Quería escaparse, pero podía sentí su falta de voluntad para hacerlo, así que continué con mis caricias hasta que su cuerpo se puso rígido, sus manos apretaron el lavabo hasta casi romperlo y su cuerpo se llenó de espasmos, mientras mis dedos se empapaban aún más. Cuando se calmó, retiré suavemente mi mano de su intimidad, ella levantó sus ojos para verme en el reflejo del espejo, así que me llevé la mano a la boca y saboreé el jugo de su intimidad. Creo que eso fue mucho para ella, porque me empujó y salió casi corriendo del baño.

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