Matt siempre me jugaba bromas pesadas, era mi turno de vengarme. Bajé a la cocina y tomé la harina que había guardado en el refrigerador, volví a la habitación y me escondí detrás de la pared. Esperé a que la puerta se abriera y así soltar el puñado de harina que tenía en la mano.
Esto sería muy gracioso, dibujé una sonrisa malvada en mi rostro. Escuché como el quitó el seguro de la puerta y esta fue abierta, salí del escondite y lancé toda la harina al chico que pensé era Matt.
—¡¿Qué rayos... —Abrí los ojos como platos al ver que era Asthon con una toalla rodeando sus...