Estaba convencida que esto me ayudaría a sanar, perder algo tan valioso como un bebé era difícil de asimilar. Y sé que si me quedaba en Roma sería muy complicado seguir con mi vida así como si nada.
La azafata nos dice que el avión ya va a despegar, estoy bastante nerviosa, busco un libro que pertenecía a papá, habla de las estrellas. Lo abro y me pierdo en las letras.
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Luego de horas de viaje, al fin aterrizamos sin ningún problema. Tomé un taxi en las ajetreadas calles de Nueva York, los edificios son enormes, recorro el lugar desde la ventanilla del auto.
El chófer me indica que...