Valerie.
Yo intenté levantarme, pero el me acorraló en mi silla poniendo sus brazos a ambos lados, en las sillas que estaban al lado de la mía, dejándome encerrada sentada, entre su cuerpo y la pared que tenía detrás. Con su cara que estaba a escasos centímetros de mi cara. Sus ojos me decían que de allí no me iba a mover hasta que le contara que había pasado.
Sabía que ese no era el momento. No cuando, a fuera, había más de diez personas esperando que el vicepresidente hablara con su esposa, no cuando, en minutos, llegaría el Demonio y Samary para dar los toques finales a lo que...