En los límites de la hacienda de Zhufun, Nadia Valencia resopla por su suerte mientras Gabriel intenta reconfortarla.
Son dos las semanas que llevan viviendo en esta pequeña finca en medio del bosque y ella se siente molesta y aburrida, pero sobre todo iracunda debido a su precario pasar. Para ella este lugar es horrendo, sucio, sin comodidades y el frío le cala hasta los huesos. Los mosquitos no la dejan dormir en las noches y sin mencionar que no ha comido nada decente desde que vinieron a instalarse aquí.
—Dijiste que estaríamos aquí solo por unos días —ella lo enfrenta—. Ya no soporto este sitio, Gabriel. No es lo...