Miguel retuvo la respiración por unos segundos y después se acercó a Lorena, se agachó frente a ella y trató de indagar lo que le había sucedido.
—¿Qué te pasó?, ¿por qué estás llorando?
Lorena cubrió su rostro con sus manos y trató de calmar su llanto, pero se le hacía imposible.
—Lorena, ¿quieres que llame a tus amigas para que hablen contigo? —Miguel sabía que la joven no le soltaría ni una sola palabra, por eso intentaba ser lo más inteligente posible.
Lorena se reincorporó y comenzó a negar con la cabeza.
—No, por favor, no quiero que nadie me vea llorando —pidió.
—Bueno, si es así… —Miguel intentó...