—Estoy seguro—comienzo—. Estoy seguro de qué si intentara follarte ahora mismo contra esta pared, no harías ni una maldita cosa para detenerme porque quieres que haga precisamente eso. Dime que no es verdad.
No quiero que ella me detenga, pero una parte de mí quiere que lo haga. Una parte de mí quiere que ella me impida entrar más profundamente en el agujero hasta el lugar donde me encerré.
Espero que muerda el anzuelo y me diga que no es verdad, pero me sorprende mucho cuando no lo hace.
Ella me devuelve la mirada como si estuviera en una especie de trance lleno de deseo. El mismo maldito trance en...