—Tal vez deberías—le digo y un destello de sorpresa parpadea en sus ojos. Tendría razón si supiera que la respuesta no sonaba como yo. Esta noche, sin embargo, soy quien tengo que ser.
—Entonces dame una probada, angel'skoye lichiko. —Se aleja unos centímetros y suelta mis pechos, mirándome como si quisiera que obedeciera.
Lo hago, y bajo suavemente la copa del negligé de mi pecho izquierdo, permitiendo que salga.
La mirada en sus ojos se vuelve salvaje y se inclina hacia adelante para tomar mi pezón en su boca. Cuando sus labios se cierran sobre la piel, un fuego caliente me atraviesa y mi mente se vacía. Su lengua gira...