—Te amo, Maximiliano. Pensé que moriría sin poder decir eso —dijo Amelia con voz ronca y luego lloró.
Parecía que estaba realmente al borde de la muerte y si hubiera pasado por esa luz, ya estaría muerta.
—Oye... shhhh. No llores, te estresarás —oyó decir a Maximiliano, pero las lágrimas seguían corriendo por su rostro.
Ella amaba a este hombre. Me pregunto por qué eligió ignorar sus sentimientos. Le tomó estar cerca de la puerta de la muerte para darse cuenta de que el tiempo perdido nunca se recupera. Habría muerto sin dejarle saber que lo amaba. Pensaría que amaba a una mujer que no lo amaba para siempre.
—Ángel......