Maximiliano no podía borrar la enorme sonrisa en su rostro mientras miraba divertido a Amelia. Ella reclamándolo públicamente era la cosa más caliente que jamás había visto.
Verla tan enfadada le resultaba divertido. Parecía una gatita enfadada con las mejillas hinchadas y unos adorables ojos verde pálido.
Reprimiendo su risa, quería hacerle saber a Anna que no la estaba buscando con otras intenciones sino para asegurarse de que estaba bien después del desafortunado incidente, aunque habían pasado muchos años.
Antes de que pudiera pronunciar una palabra, Amelia había empujado su silla hacia atrás, creando un sonido chirriante.
Se levantó de su asiento y luego miró a Maximiliano. —¿No te vas...