El alojamiento del personal me recuerda a un campamento de verano, con pequeñas cabañas rectangulares alineadas en filas y senderos angostos que serpentean entre ellas. Hay al menos quince, por lo que puedo ver. Me dirijo hacia la cabina siete, donde un débil resplandor de luz llena las ventanas. La risa estalla en el momento en que abro la puerta.
_ ¡Oye! _ La mujer más cercana se adelanta con una sonrisa. Alcanza mi bolso de mano con su mano libre. Su otra está agarrando un frasco de plata _ ¡Alguien llega tarde a la fiesta!
Siento que mi cara se pone roja, nunca una para la atención abierta.
_...