_ Quién sabe quién más usa este cobertizo. Tal vez deberíamos regresar a nuestra cabaña.
Diego agarra suavemente un martillo del estante y lo mete a través de la manija de la puerta, impidiendo que alguien pueda abrirla.
_ Sabes que no me gustan los que se rinden.
Con una mano en mi espalda, me guía para pararme exactamente donde estaba Simon hace unos momentos.
_ No cuando hay una botella de lubricante perfectamente buena aquí que no debería desperdiciarse.
Me da la vuelta y se para detrás de mí, sus manos agarrando mi cintura. Se agacha para mordisquear y besar el hueco de mi cuello. Los escalofríos recorren mis...