Miro por la ventana. Espero. Vivo cada segundo en alerta esperando la llegada de Vicenzo de un momento a otro. Es extraño observar cómo el tiempo no pasa cuando se está preocupado. Es verdad que solo han pasado siete días, pero esta tranquilidad me asusta. No es típico de él rendirse, y mucho menos, darme a elegir.
He pensado en lo que ha pasado entre nosotros en Rusia y cada recuerdo se transforma en un dolor insoportable. Cuando conté a mi padre quién era el hombre del que me había enamorado, palideció. En sus ojos se leía el terror, si bien trataba de mostrar tranquilidad. Me ha sorprendido su comportamiento....