Emma: “vuelvo en un rato, y Sander tranquilízate que no me va pasar nada”, comenzó a trotar a paso lento y dándole unas palmaditas cariñosas al caballo, le susurra, “muy bien, Mollin, buen caballo”, luego dirigiéndose hacia unos árboles, le comentó, “ahora que nadie nos mira, enséñame de qué clase de pura sangre eres”- con esas palabras, le dio con los pies al caballo y éste comenzó a galopar de tal manera que creyó que estaba volando mientras pasaban los árboles y saltaba pequeños obstáculos, por primera vez en muchos tiempo se sintió libre y disfrutó al notar el aire fresco golpear su cara, el caballo le respondía a todos...