Al amanecer cuando los soldados empezaban a despertar y su esposo estaba organizando el viaje, Emma salió con cuidado de la carpa, para visitar al hombre herido, le tocó la frente y sonrió al comprobar que la fiebre había desaparecido en su totalidad, le revisó las heridas y puso más ungüento.
El hombre susurró mirándola, “gracias Señora”.
Emma volteando hacia a su alrededor, lo mira y le dice, “silencio no hables o tendrás problemas, ellos no saben que eres sureño”.
El hombre adolorido dice, “también eres sureña, y la esposa del alfa Evander Brownes”.
Emma cómo sabe si hablamos en el dialecto norteño, “escuchaste nuestra conversación, ¿entiendes el idioma norteño?”...