—Samantha—
Toda la noche en vela, rogando que abriera esa jodida puerta y, pues, no, el señor reglas, no cambió de opinión. Un hombre completo, maduro, hermoso y sexy, no me rendiré, quiero todo o nada, deseo sus labios y está más que claro que no le soy indiferente, su grueso amiguito sí que me reclamaba. Y, para mí, un no, no es repuesta, quiero un sí, por eso decido activar el plan dos; los celos es el detonante de todo, estamos a mitad de semana y una fiesta de bienvenida sería lo mejor.
Me levanté muy temprano y dejé en su cama mi pequeña tanga, un detalle de agradecimiento, le envié un mensaje a mi hermano y me esperaba afuera, al salir trato de reprimir la risa por la cara de hijo de su madre que pone, muerde sus labios y niega.
—Te juro por nuestra madre, que no folle— digo levantando una mano, él me abre la puerta del copiloto—, venga, Sam. Somos los mismos, y por mí, te uno hasta en una orgía, no me vengas con pendejas y ni metas a nuestra bella madre.
Cierra la puerta y sube al coche también, lo observó atentamente y añado al ver que no me cree.
—¡Te digo la verdad!— lo empujo y levanta una de sus gruesas cejas.
—Claro, ¿y tus bragas dónde quedaron?, porque hasta tu piercing de color rojo me saludo al subirte.
Mis mejillas se coloraron, esto no puede ser peor.
—Eres un maldito—masculló, y él ríe jocoso.
—Tú no te quedas atrás, ¿cuándo te perforaste? — pregunta, y gira a mirarme un momento con sus hermosos ojos.
¿Por qué no los tuve de ese color? Sin duda, Felipe hubiese caído mucho más rápido.
—Hace un año. No te preguntaré si me queda lindo porque sería algo enfermo.
—Se te agradece— responde y continúa manejando en silencio.
—¡Max, necesito que me ayudes de verdad, no he estado con él y necesito un empujoncito! — le suplico, apoyándome en su brazo y agarró su barbilla entre mis dedos— por favorcito.
—No me digas, ¿qué quieres que haga?
—Convence a Sergio que me deje hacer una reunión en su casa el sábado.
—JA, mejor quédate con las ganas. Conoces a ese amargado, no dejará— suelta un bufido.
—Entonces…
—Déjamelo a mí, tengo un buen sitio. Aparte de Marc, también soy el papi de las rumbas— dice con orgullo y me guiña un ojo.
Es un imbécil, más...
—Eres el mejor— dejo un beso en su mejilla y me acomodo en mi asiento, es mi último intento debe funcionar.
—Lo sé, bebe. De que te comes a tu viejo te lo comes.
—No seas tan payaso que no es tan viejo y está más guapo y sexy que tú— la verdad si lo está, esos músculos, su piel canela y sin mencionar el paquete que tiene.
—Cambiaré de opinión, Sam, mejor cállate y ve inventando que le dirás a Sergio, sabe que no dormiste en casa.
—¡Joder, que se ocupe de su vida! — gruño.
—Estás bajo su techo, Sam, y debes respetar— expuso el don correcto.
—Tú no lo respetas— masculló y noto como tensa su mandíbula, ya lo conozco, sé lo que dirá.
—Soy hombre.
¡Oh, descubrió América!
—¡Puto, machismo! Las mujeres tenemos el mismo derecho que los hombres y no debemos ser discriminadas ni nada por el estilo, si queremos beber, follar sin ataduras y, vivir la vida como nos plazca, deberías cambiar un poco tu manera de pensar Max.
—Samantha, una mujer debe cuidar su integridad y más cuando no se ha casado, y tú no lo haces, por eso eres la vergüenza de nuestra madre— gruñe y me ve con la mirada acusadora y discriminatoria que detesto, por no ser la jovencita perfecta.
—¡Sabes, detén esta mierda me bajaré!
—¿¡Y que andarás en con el coño al aire!?
Okey, se me había olvidado.
—¡Pues, sí! — le grito y trato abrir la puerta, pero tiene el seguro.
Bueno, tampoco es que saltaré. Apartó la mirada y no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas, les cuesta tanto aceptarme como soy, les pesa una vida.
—Vamos, chiquilla, solo jodía— se apresura a decir y extiende su mano peinando mi cabello con sus dedos—, ese coño es de usted y tiene todo el derecho que hacer lo que quieras, pero esto— coloca su dedo donde está mi corazón—, el día que sea robado, no tendrá devolución y, mi único consejo es; no hagas lo que no quieres que te hagan. Solo quieres jugar y sacarte el capricho que tienes con Felipe.
—Gracias por su consejo señor casanova, que hace la misma mierda que yo. Ahora conduzca más rápido que quiero darme un baño— Le pido con una sonrisa y palmeo su hombro.
—No digas después que no te lo dije, Sam.
•••
Mejor club no pudo escoger mi querido hermano, un bar gay. No tengo nada en contra de ellos ni nada por el estilo, pero como él cree que Felipe vendría a este lugar, es que si no viene lo mato, a Max, por supuesto.
Me miro en el espejo por última vez, asegurando que mi vestido rojo sea la mejor elección, no es muy corto, pero sí revelador, con una abertura hasta mi ombligo que se une con una pequeña cadena dorada.
Soy hermosa, tengo un buen cuerpo; sin embargo, no terminó por derribar sus barreras y sus putas reglas.
Max me espera en el club y Sergio, gracias a los santos, está de viaje, me despido de mi cuñada y Marc es el encargado de llevarme. Al salir está en su moto, dicha moto que le compró mi querido hermano, creo que nunca terminaré de comprender por qué lo miman tanto, parece más su hermano que yo.
—Joder, que putona estas Sam. Hoy sí que te llevas tu revolcada.
—Te podrías callar y solo llevarme— bramo y ruedo los ojos, no puede ser más normal este ñoño.
—Eres tan odiosa, te doy un cumplido y no lo recibes— frunce sus labios y se coloca el casco.
—¡Oh, perdón! No sabía que te llamen putona, es un cumplido, no seas imbécil.
Subo a la parte de atrás con cuidado y ríe cabrón, golpeo su espalda
—Cuidado con una teta.
—No puedo contigo— rio sin poder evitarlo, note su rostro inflamado y con algunos hematomas el día que regrese, pero no mencionó nada ni yo tampoco. Paso mis brazos por su cintura y dejo un beso detrás de su oreja —, Gracias, Marc y no sabes cómo deseo que me dé la revolcada el hombre que quiero esta noche.
Asiente, ruge su moto y, salimos al gran club ambrosía
Dentro del club la energía es fuerte, Max está apoderado de la pista, la música taladra tus oídos, me abro paso entre las personas, llegó a su lado, y lo abrazo por detrás, me agarra de una mano y me hace girar quedando frente a él. Está hermoso, todo vestido de negro con esos pantaloncillos ajustado, su piel brilla por el sudor y sonríe por completo.
—¡Venga, se han tardado un poco—pellizca mi mejilla y me lleva de la mano, voltea un momento para verme de nuevo—, ¡joder, Sam cuidado con una teta!
—¡Tú también, Máx! —rio y me lleva con un grupo de amigos, reconozco algunos, pero un moreno llama mi atención y no el dicho moreno qué deseo ver.
Max, nota que lo observo y me deja con sus amigos y camina hacia él.
¡Ay, virgencita! Por qué soy tan cabrona
Muerdo mis labios al tener su mirada encima de mí y él, sonríe de lado. Max le murmura algo en su odio, él asiente y se acerca, a paso firme, hacia donde estoy.
—Hola, me permites que te invite un jugo— extiende su mano y levantó una ceja.
¿Jugo?
—¿Qué?
—Las damas no deben beber— explica con una hermosa sonrisa en sus labios.
Tienes los cabellos un poco rizados de color café, sus rasgos son marcados y llamativos, lástima que todo lo bonito se esfuma con lo que sale de su boca.
—Otro antañón y machista— suelto con desagrado.
—No te molestes, solo es mi pensar. ¿Whisky? — propone, curvando sus labios. Sin embargo, en eso recordé a Felipe, que no le gusto el olor a licor que desprendía de mí y no quiero que nada lo aleje esta noche.
—Bailemos, mejor, dejemos la bebida para después— murmuró y nos acercamos un poco más a la pista. Sus manos recorren mi cuerpo y se posan en mi cintura, sonríe y algo en su mirada me es familiar, pero no sé por qué.
No dejo de moverme al ritmo de la música y cierro mis ojos por unos momentos, sus manos se deslizan lentamente y la posa muy por debajo de cintura baja, baila muy bien y huele deliciosa.
Marc entra en mi campo de visión y carcajea como un maldito, no entiendo por qué, ruedo los ojos y giró para quedar frente al moreno que hasta el momento no he tenido la oportunidad de preguntar su nombre.
Sus ojos me ven fijamente y humedece sus labios, este moreno si quiere besarme.
Un hombre me observa desde la oscuridad, solo logro ver de su pecho para abajo, sé que me está mirando o desintegrando con la mirada. Una mirada que eriza cada vello de mi piel, levanta vaso hacia mí en forma de brindis, estaba segura de que me observaba. El humo de las luces no me deja enfocar bien su rostro, el chico con que bailo me tomó del mentón para que lo mire a los ojos mientras mueve sus caderas de una manera tan sensual, debe ser estríper ningún amigo de Maximiliano está en buen camino.
—No recordaba que fueras tan hermosa, Sam— susurra y sus labios hacen cosquillas en mi oído.
—¿Sabes quién soy?
—Claro, preciosa — su dedo acaricia mi labio inferior y en eso, el hombre que permanecía en las sombras, se levanta y es… Felipe, ¡joder!
Ese hombre es mío, lleva un pantalón de vestir oscuro y una camisa de vestir de color vino, su reloj dorado resplandece por los reflectores al igual que su cadena.
¡Padre y señor mío!
Me hago la que no lo vi y, trato de calmar mi respiración y por supuesto mi corazón, paso mis brazos por el cuello del chico y me apego mucho más a él.
—Me das señales errantes y no quiero tener problemas.
— Podríamos ir en este momento por el trago y refrescarnos, y me dices de dónde me conoces y por supuesto qué clase de problemas podrías tener, que yo sepa soy soltera y única dueña de todo esto— respondo con chulería y señalo mi cuerpo, bajo la mirada de Felipe que camina a pasos rápidos hacia donde estamos.
De un solo jalón quedó pegada a su pecho, se come con la mirada al chico, este asiente y se va.
¡Oh, qué valiente me salió!
—Me podrías soltar— sus ojos me escudriñan de pies a cabeza y mantiene su gesto serio y frío, que me excita mucho más.
Debo tener un problema hormonal.
—Cambie de opinión, tú ganas. Tenemos nueva regla, si habrá besos— murmura acercándose a mi oído y chupa el lóbulo de mi oreja.
Okey…
—A ver— frunzo mis labios y apoyo mis manos en su tonificado pecho, juro que puedo sentir como quema su piel—, dame uno en este instante, sabía que caerías.
Curva sus labios y niega
—Aquí no, y no caí…, los dos caeremos. Bajas la guardia y yo también— su grande mano, toma mi mentón y mira mis ojos por esos segundos soltando un suspiro ahogado—, te deseo, Samantha, desde el puto día que te vi en el aeropuerto.
—Pensé que nunca lo admitirías, dame un beso, joder. Ni a mi sobrina le rogué tanto por un jodido y simple beso— chillo y sin darme cuenta me comporté como una misma niñata con los gestos que hice, Felipe curva sus labios y extiende su mano colocando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
¡Ay, me derrito!
—No, cosita. No es simple beso, es el jodido orgasmo que te daré en los únicos labios que voy a besar y no son estos— su dedo, rozó mi labio inferior de manera delicada y quede sin palabras, su mano halo de mí, y me llevaba arrastra sabrá Dios a donde.
Max chocó bebidas con el moreno y no entiendo qué mierda sucede.
—Camina, que muero por besarte y, no me detendré hasta que grites que estás satisfecha de mis besos—ordenó con su voz ronca, provocando que me mojara solo con sus palabras.
Si son los besos que mi mente retorcida imagina, no me importa.
—Felipe—
Diosa en tacones, eso era la cría, estaba cansado de oler su tanga. Esa mañana la vi irse con su hermano, quise entrar muchas veces en la habitación, pero me contuve, más hoy no estoy dispuesto a seguir con esto, quiere besos… Pues, lo tendrá, pero donde yo quiera.
Conté los días para verla, sé que nada quedará entre ella y yo, más de uno está al tanto de lo que pasa, mientras no se entere los que de verdad me interesan todo estará bien... Max me informó del evento en unos de los clubes que frecuenta con Fabián y no dude en decirle que se mantuviera alejado, lo conozco como la palma de mi mano.
De las sombras la vigilaba y me ponía con solo verla bajo ese delgado vestido que cubría su hermoso cuerpo, su cabello caía como cascada por su espalda. Era un ángel con un interior corrompido de pecado y lujuria, sus caderas se movían de un lado a otro y maldecía al ver como disfrutaba de la atención que le daban, sus ojos cayeron en mí y no dude en llegar a ella, marcando mi territorio como un animal, la llevo arrastras para las habitaciones privadas, trata de soltarse de mi agarre y no lo permito, entramo en una y la empotro contra la pared sujetando su suave cuello y aspiró su dulce aroma.
Su piel se eriza y comienza a respirar pesado.
—¿Estás molesto? El chico de abajo, si estaba interesado en darme un beso públicamente. Y, tú, lo has jodido.
Suelto una risa ronca y niego al escucharla.
—Si estoy molesto, pero no contigo, ese chico— acerco mi rostro a su cuello y dejo algunos besos hasta llegar a su barbilla y morderla, provocando un débil gemido brote de sus labios—, es mi puto hermano Fabio y le deje claro que no se pasara contigo.
Sus ojos se desorbitan y me empuja un poco levantando su mirada para verme.
—¿Es… tu hermano? — tartamudea y pestañea muy rápido con sus largas pestañas.
—Medio, pero sí, es mi hermano. ¿Te lo querías follar? — paso mi brazo por su cintura y la aprisiono a mi pecho, sé que siente como me tiene.
—¿Quieres la verdad? —pregunta y deja un beso en mi barbilla, tocando con su otra mano mi barba delicadamente.
¡Maldición, sí!
—Habla— ordenó y mi dedo viaja de su garganta, hasta su ombligo descubierto, subo a su pezón y trazó círculos por encima de la tela, sus labios se abren lentamente.
—No, quiero follarte a ti— jadea y sus ojos brillan de una manera que me enloquece.
Eso quería oír, solo eso.
—Te daré un premio por tu excelente respuesta.
—¿Un beso? — sonríe con todo su rostro.
Muy intensa con sus tontos besos.
—El orgasmo de tu vida, Cosita— aprieto su pezón entre mis dedos y su gemido son música para mis oídos, mis manos se cuelan bajo su vestido y bajo su diminuta tanga de hilo.
Besa mi cuello y sus manos van soltando los botones de mi camisa, su tacto es suave y quema, nunca había sentido un magnetismo de tal intensidad hacia una mujer, no algo tan emocional que no me deja en paz, quiero estar con ella y poder olvidarla, solamente son las ganas que le tengo y tal vez, eso es lo que me tiene afectado.
La tumbo en la cama y abro sus piernas, quedando sin aliento. Su blanca y pequeña intimidad, reluce y una gema de color rojo se asoma entre sus pliegues.
Agarro mi virilidad y la aprieto entre mi mano, bajo su lasciva mirada, sonríe como una misma cabrona. No he estado con una mujer así, mejor dicho, con una jodida cría y menos con un accesorio.
—Bésame, muérdeme y, sobre todo, demuestra todo lo que fanfarronas.
—¡Ay, Sam! Cada vez me sorprendes más— la agarro de sus piernas y la jalo hacia la orilla, su dulce olor me llega por completo, aspiro entre sus vértices y su cuerpo se estremece.
Las ganas de tener entre mis dientes esa gema me hacen perder la cordura, su cuerpo se arquea de una manera exquisita, al sentir mi primer toque, de abajo hacia arriba lentamente, mordiendo su hermoso botón, gime y sus uñas se clavan en mis hombros, soy un maldito, es la hermana de mi mejor amigo, pero sabe deliciosa y es mía.
Ahora es solo mía.
Introduzco un dedo y sin dejar de verla a los ojos y gime como una nenita, chupo su pezón y lo llevo entre mis dientes suavemente, quiero perderme en ella.
—¡Aaah, Feli…! — chilla mi nombre y comienzo a embestirla con más fuerza con mi dedo, todas sus paredes se tensan y no dejo de estimularla, está a punto, así que vuelvo a bajar a su intimidad y con un solo soplo en su pequeño botón, grito desde los más profundo al sentir el éxtasis que la consumió.
Sonríe con sus mejillas rojas y una hermosa capa de sudor reluce en su blanca piel, quitó su vestido dejando su cuerpo desnudo por completo delante de mí, solamente con sus elegantes tacones, me limito a contemplar lo hermosa y perfecta que es, sus senos firmes de un tamaño perfecto, su pequeña cintura y esas caderas del demonio.
Aparta su mirada muerta de vergüenza.
—No me digas, la cría se apenó.
—Tu mirada es… no sé…
Niego y suelto la correa de mi pantalón y lo bajó junto con mi bóxer, sus ojos caen en mi amigo y vuelve hacer ese jodido gesto.
—¿Puedo? — señala mi miembro con su barbilla y se incorpora en la cama, subiendo sus manos por mis piernas lentamente.
—¿Ahora pides permiso?— la cuestiono y abro sus labios con mi dedo dejando ver como lo chupa un momento de una manera que me hace gruñir.
—¡Cállate, Felipe y, ven aquí!
Carcajea y me lleva a la cama consigo de un solo jalón, no puedo evitar contagiarme de su sonora risa.
Sin duda con ella ha sido la primera vez, en muchas cosas y otra más para añadir, reír en pleno apogeo, eso jamás había sucedió.
¿Qué mierda me estás causando en mí?