Chapter 6 Enfrentar las consecuencias.

Chapter 6 Enfrentar las consecuencias.

Esther sintió un vuelco en el estómago cuando lo vio, León estaba de pie frente al auto con el gesto tan apretado que parecía irreconocible, se veía no solo furioso, dolido y eso la asustó más y Carlo apretó con fuerza el volante.

— Es él — dijo aterrada, aunque sabía que su hermano ya lo conocía. La idea de tener que regresar al puente le molesto e incomodó. León debía entender que ese error nunca debió de haber pasado, que ellos eran y pertenecían a un mundo completamente diferente y asía debían permanecer. Carlo comenzó a quitarse el cinturón de seguridad y ella se le colgó del brazo — ¿A dónde vas? ¿No me digas que piensas ir con él?

— A hablar de cuñado a cuñado — pero Esther no lo soltó, sintió que si lo dejaba ir el vagabundo terminaría por convencerlo de que la dejara y ella ya no quería, no le importaban las consecuencias, solo quería salir de ahí y alejarse de todo aquello, aunque hubiese sido su propio error — Esther, suéltame, todo va a estar bien — ella lo soltó y su hermano bajó del auto y caminó hacia donde estaba el vagabundo.

Esther bajó el vidrio de la puerta para escuchar lo que estaban diciendo, pero los hombres se alejaron unos metros y el viento que azotaba la ciudad inclemente ese día no le permitió escuchar nada.

Comenzaron a discutir acaloradamente y ella se mordió las uñas hasta que llegó a la piel, temió que en cualquier momento su hermano se lanzara sobre aquel hombre y lo golpeara, o al revés. De un momento Carlo se pasó los dedos por el rubio cabello en un gesto de estrés. Su hermano era muy alto, y a pesar de eso, León no se quedaba atrás, solo era un poco menos alto que el rubio, y, aun así, se veía más grande que su hermano en ese momento, con el pecho erguido y la mirada fiera.

La conversación se hizo más tranquila y los hombres hablaron con más Calama, cosa que la preocupó más a que se fueran a los puños, León trataba de explicarle algo a Carlo y el rubio lo escuchaba atentamente hasta que sacudió la cabeza y dejó escapar el aire que se convirtió en un vaho frente a él, luego miró a Esther a través del vidrio y ella contuvo el aliento.

Carlo regresó al auto y León se quedó dónde estaba y cuando cerró la puerta Esther lo miró con anhelo, pero cuando él la miró todo se derrumbó.

— Lo siento, hermanita, pero tienes que quedarte con tu esposo — Esther sintió que le dio un mareó y se agarró del respaldo del asiento.

— ¡Ese hombre no es mi esposo! — bufó llena de estrés.

— ¡lo es! — le gritó él de vuelta — Lo es desde que ambos firmaron un contrato completamente legal que lo acredita, además, no es por eso, papá lo matará si lo dejas, sabes cómo es — Esther bufó.

— Eso es una amenaza vacía — era lo que quería creer.

— ¿Tú crees que papá hace amenazas vacías? — Esther no contestó — Sabias que papá lo mataría si lo dejabas, ¿Y aun así decidiste irte? No lo puedo creer.

— Yo… no pensé que papá lo dijera en verdad — Carlo pasó saliva, la rabia se le pasó y pareció pensativo.

— Lo siento, Esther, bájate — ella lo miró con los ojos brillosos y Carlo no la miró a la cara.

— Hermanito, estoy durmiendo bajo un puente.

— Tal vez es lo necesario, tal vez es lo que te mereces — Esther lo miró con los ojos abiertos — has hecho lo que te ha dado la gana toda la vida sin ninguna consecuencia, no te importan los demás ni a quién te llevas por delante con tal de conseguir lo que deseas, y así no son las cosas, Esther. Creo que necesitas esto, tienes que aprender cómo es la vida real, la que tiene consecuencias.

— ¡Con un vagabundo? — le gritó y Carlo perdió los nervios nuevamente.

— ¡Con la realidad, Esther! ¿Qué creías que iba a pasar con llevar a un vagabundo a la cena? ¿Con romper un trato comercial tan importante para los negocios de papá? Tienes que aprender la lección, esta es la mejor forma.

— ¿Entonces tú estabas de acuerdo en que me casara con un desconocido? ¿Con un v1olador que trataba de abusar de nuestra hermanastra? — Carlo no contestó, se quedó mirando por el parabrisas como si meditara la respuesta — bien, entonces es porque no me quieres como dices hacerlo — abrió la puerta del auto y cerró de golpe caminando por la calle.

Escuchó como su hermano la llamaba, pero ella no se detuvo, también tenía orgullo y dignidad y si tenía que enfrentar esa situación a fuerza pues lo haría con la mejor de las dignidades. Luego escuchó como la camioneta se encendió y se fue y se sintió terriblemente mal, casi nunca peleaba con su hermano.

— Espera — le dijo León desde atrás y Esther no se volvió, el vagabundo la alcanzó y la detuvo agarrándola con fuerza de la muñeca — ¿Te ibas a largar sin importar que me mataran? — tenía tanta rabia que sus ojos azules estaban varios tonos oscurecidos — no puedo creer que seas tan egoísta, ambos estamos viviendo este suplicio. Espero que no vuelvas a hacer algo como esto, o no volverás a comer — Esther se soltó con fuerza, tenía muchas ganas de llorar, pero no le daría el gusto a ese hombre. Cuanto lo odiaba.

— No necesito que me consigas comida, yo puedo conseguir mi propia comida — y dicho esto, dio la vuelta y corrió tras una ardilla inocente que observaba la discusión y el animalito corrió despavorido al ver a la rubia que se le cernía en sima.

— No puedo creer que me esté pasando esto — se dijo el vagabundo en voz alta y se restregó los ojos esperando que todo fuera una pesadilla — sería mejor que se muriera esta niña mimada — pero no lo quería así en realidad, era una niña mimada y egoísta y él la haría pagar por su arrogancia.

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