La mansión ya se encuentra a oscuras a esta hora de la noche. Luego de la cena más aburrida que haya tenido en su vida, en la que ninguno de los tres dijo absolutamente nada, Ragnar sube directo a su cuarto y después de darse una ducha bien fría y bastante larga, baja nuevamente a su despacho. Su mente aún está a mil revoluciones y trabajar en algo lo ayuda a dispersarse. Katrina ni siquiera quiso bajar a cenar y según su madre se encontraba indispuesta y prefirió estar acostada. Probablemente, su única razón sea que no quería verlo o estar cerca de él.
—¿Puedo pasar? —Paula pregunta a su...