Eiden, al verse liberado, corrió hacia Cleo llorando, se arrodilló y le colocó las manitos sobre el pecho. Pero ella no respondía; las patadas les habían causado daños graves a algunos órganos vitales.
Los otros tres hombres miraban temblando como se le apagaba la vida a su compañero, desesperados salieron corriendo, pero fue en vano. Una bandada de abejas los atacó, picándolos por todas partes, mientras unas raíces emergían del suelo, arrastrándolos y sujetándolos firmemente a un arbusto.
Aradne y Evolet atravesaban el bosque con una urgencia desesperada, cada segundo se alargaba como una agonía interminable. Cuando finalmente llegaron, la visión que se desplegó ante los ojos de Aradne le...