Gedeón se encontraba en una cabaña cerca de la frontera sur, donde sus hombres resguardaban ese extremo de Nardis. La frustración lo consumía, y la ansiedad lo devoraba por dentro. Quería ir a buscarla y encontrar una forma de hablar con ella.
Él caminaba de un lado a otro, con las manos crispadas y la mente nublada por los pensamientos de cómo había llegado Aradne a involucrarse con esos ladrones. Finalmente, sintiendo que no podía soportarlo más, sacó su teléfono y buscó entre sus contactos. El nombre de Horus apareció en la pantalla, y sin dudarlo, marcó el número.
—Hola, Gedeón, te estamos esperando, deberías haber llegado —señaló impaciente mientras...