Ramsés, quien rara vez sentía pena por los demás, tragó saliva, sintiendo un atisbo de compasión por la joven. Su lobo estaba alterado al escuchar la confesión de la chica.
—¿Cómo escapaste? —preguntó con genuino interés.
—Gracias a Marie. Ella me rescató. Ese desgraciado me entregó a unos mercenarios que planeaban venderme como juguete al rey Kane —Trysa inhaló profundamente, intentando controlar sus emociones—. Marie arriesgó su vida para salvarme.
—¿Cuántos años tienes? —Él no pudo evitar apretar la mandíbula al darse cuenta de lo joven que era.
—Veintidós. Tenía dieciséis años en ese entonces —respondió Trysa, bajando la mirada.
La cólera se apoderó de Ramsés. No podía creer que...