Esa misma noche, Aradne se reunió con su gente para discutir la gravedad de la situación en el imperio y decidir quiénes acompañarían a los guerreros del rey hacia la frontera sur. Al finalizar la reunión, se dispuso a regresar a la mansión. Sin embargo, cuando estaba a punto de entrar, una mano fuerte la cubrió la boca y la arrastró hacia el bosque. Aradne luchó con todas sus fuerzas, pero el agarre era implacable. Su corazón latía desbocado, deseando salir de su pecho mientras ella intentaba liberarse, pero sus esfuerzos resultaron inútiles. Pronto, fue empujada contra un árbol y, antes de que pudiera reaccionar, sus manos fueron sujetadas firmemente...