Mia Redford
Presbyterian Hospital, New York.
“Michael” susurré su nombre, pero no escuché una respuesta. “Michael” volví a llamarlo, pero solo había silencio. Cuando abrí mis ojos, me exalté al ver que no estaba en nuestra habitación del ático, él no estaba a mi lado, cuando intenté levantarme, no podía, estaba demasiado adolorida y las arcadas llegaron de golpe a mí, quería vomitar, la puerta se abrió y apareció la enfermera, al ver lo que estaba pasando, tomó el bote de basura y me lo puso de inmediato, vomité casi mi alma.
—Tranquila, es normal. —escuché que dijo. —Y empeorará. Estamos sacando de tu sistema la droga que se te...