Chapter 6 Confusión

Chapter 6 Confusión

¿Sería acaso posible que este hombre me amara en verdad? Había pasado tan poquito tiempo que me mostré escéptica ante ello. Seth me cargó entre sus brazos luego de casi ser atropellada y lastimada en la calle. Mi hermano también pudo matarme si hubiera tenido unos minutos extras.

—¿Por qué lo has hecho? —pregunté, con los ojos llorosos, temblando por el impacto del shock.

—Ya te lo dije, Lysa, yo te amaré siempre. Eres la mujer de mi vida. —Seth entrecerró los ojos de un modo tan tierno. —Se que es difícil de entender. Pero es mi verdad, tu conoces sobre los rangos y jerarquías de lobos, más no sabes nada sobre nosotros los cazadores.

Esto fue lo último que dijo antes de llevarme hacia el interior de su casona nuevamente, donde estaría a salvo de mi hermano. A pesar de tener la vista cansada pude percatarme de que, este lugar había cambiado bastante. Los hombres en la entrada portaban armas de gran calibre, con la que protegían la puerta con fervor. Las miradas asesinas poseían una fuerza indescriptible, ellos debían ser los otros cazadores. Noté que sus ojos eran de un color ámbar, misterioso.

—¿Qué están haciendo? —pregunté a Seth, acurrucándome en su pecho mientras me subía por las escaleras.

Él sonrió.

—Esto es una guerra, mi amada. Debemos estar listos por si alguien decide atacar nuestra guarida. No podemos bajar las defensas ahora. —dijo con seguridad.

—Lo comprendo. —respondí, aunque fuera una mentira.

Llegamos al cuarto y el me cubrió con unas confortables mantas para que me sintiera a salvo. Fue reconfortante estar de vuelta bajo techo, con la protección de ese caballero tan fuerte. Sin embargo, había algo latente en mi corazón que me impulsaba a querer escudriñar en esta fortaleza.

—Esta es tu guarida. ¿No es así, cazador? Está cubierta de plumas y adornos, pero sigue siendo amenazante. —dije con la confianza suficiente, siempre había sido la débil y enfermiza omega.

¿Qué más tenía que perder? Lo vi sonreír ante mi confianza sorpresiva, el tomó mi mano entre las suyas con suavidad, mirándome con los ojos brillantes. Era tan atractivo que jamás podría mirarlo con ojos que no fueran de atracción romántica.

—Me gusta que no te calles nada, desde que has llegado te mostraste como una cachorra asustada. Enseñarás tus dientes cuando sea el momento. —Seth besó mi mejilla.

En un movimiento, corrí mis labios para encontrarme con los suyos, necesitaba tanto besarlo, era una atracción irresistible. Mi corazón latía con mucha fuerza. Mi amor por él parecía crecer a cada minuto al igual que mis miedos.

—Puedes buscar todo lo que quieras aquí, esta es tu casa. Solo ten cuidado con los desafíos, mi amada, puede que algunos te encuentren sospechosa. —susurró en mi oído, causando un estremecimiento de mi parte.

—¿Me atacarán si descubren que ando merodeando? —pregunté, con los ojos entrecerrados por la duda.

Asintió con la cabeza y volvió a besarme, un beso largo esta vez y sentí su lengua casi ardiente. Me hacía sentir segura y feliz, más fuerte, una sensación inexplicable de euforia en ascenso. Incluso me daban ciertas ganas de transformarme en una loba, en buscar una versión de mi desconocida.

Seth se marchó a sus asuntos, que debían de ser peligrosos, podía intuirlo con facilidad. Tomé aire un rato largo para relajarme, extendiéndome por lo ancho de la cama. Miré al techo con las dudas en mi cabeza.

La imagen de mi madre y hermana se hicieron presente en ese minuto de introspección.

—¡Sálvate, Lysa! —decía la voz de mi madre a los gritos dentro de mi propia cabeza.

Los gritos eran horribles, me hacían dar unas ganas incontenibles de llorar. Solté un sollozo sin poder evitarlo y limpié mis lágrimas con las sábanas. Necesitaba hacer algo, mi hermano podría haber matado a mi madre sin piedad alguna… No podía vivir con esa duda y la culpa sería siempre mía.

Tomé un baño para intentar olvidar esas visiones recurrentes. Sin embargo, parecieron aumentar cada vez más. Mientras el agua casi hirviendo bañaba mi cuerpo, mis ojos empezaron a ver con otros colores el panorama. Era como si el mundo comenzara a volverse enteramente gris. No me explicaba porqué era de ese modo, incluso me aterró.

—Lysa, no abandones a tu familia. Tu manada… —empezó a decir una voz dentro del sanitario.

Aquello me heló los huesos, era una voz familiar, femenina, que me hizo llorar todavía más. No grité del terror, porque allí no había nadie. Era parte de una visión, como las que tenía con mi madre y hermana. Recuerdos, memorias o cosas que estarían sucediendo ahora. No podía saberlo con exactitud.

—Omega. La omega rechazada más inútil de todas. —dijo otra voz, esta vez era masculina.

Eso me hizo enfadar y sentí como mi cabeza ardía en fiebre. Salí del baño con ropa limpia y nueva. Caminé por los pasillos sin ninguna razón aparente más que la de regresar a mi cuarto o buscar a Seth.

Un olor inundaba parte del pasillo, haciendo que mi nariz sensible se dañara. Yo jamás había poseído un sentido del olfato demasiado agudo. Seguí el rastro haciendo uso de ese olfato que estaba despertando en mí, sin tener mucha fe de mis capacidades.

El camino me llevó hacia una puerta de color madera, lustrada, con incrustaciones de bronce. Miré por una hendija, que no me permitió ver demasiado. La oscuridad dentro del cuarto era notable. Pero el hedor seguía allí.

De pronto, un sonido inundó esa parte del pasillo, haciendo que mis oídos me dolieran bastante. Era un aullido, el sonido más reconocible del mundo para mí. Pero era débil, diferente.

La puerta se abrió por el viento, permitiéndome ver un poco más del panorama. Entonces lo vi, era uno de los omegas delgados y enfermizos que vi cuando apenas llegué. Pero era diferente, en su forma de lobo actual brillaba, tal como una estrella. Su color cambió, de ese pelaje tan opaco y quebradizo pasó a tener un pelaje brillante del color de la plata, como la seda. Sus ojos eran de un violeta aterrador.

Supe que algo andaba mal y eché a correr, para volver a mi cuarto y que nadie se diera cuenta de lo que había visto.

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