Bastián miraba a las parejas paseando de un lado al otro tomados de la mano románticamente mientras parecían endulzarse el oído mutuamente y seguramente con promesas de amor. El cielo estaba nublado, era octubre después de todo, y naturalmente el otoño se había instalado en la ciudad.
Las hojas secas caían desde las altas copas de los arboles que fugazmente alcanzaba a apreciar desde el vehículo en movimiento, todas, parecían danzar en el viento de manera rítmica a los latidos de su propio corazón.
Había cometido un error al no decirle la verdad a tiempo a su amada Adalet, había tenido mil oportunidades de decírselo, y, sin embargo, sus temores...