Esa mañana era gris, completamente gris. El llanto silencioso de Adalet y Dante se escuchaba casi imperceptible. Los fuertes brazos de Bastián los protegían a ambos, y el más pequeño había llorado hasta quedarse dormido.
Las nubes que se apreciaban por fuera del avión eran totalmente grises, nubes oscuras que presagiaban una tormenta que estaba a punto de comenzar. Iban con rumbo hacia Inglaterra para llevar a cabo los funerales de Adrienne Williams como había sido su voluntad, y Adalet sentía el corazón completamente roto después de saber la verdad.
Le hubiese gustado saberlo desde antes, porque así, ambas habrían tenido más tiempo de ser verdaderamente madre e hija, aunque,...