Las olas del océano movían aquel Ferri con calma. El aroma salino despertaba los sentidos más profundos y el corazón de Adalet latía despacio, pasmoso, mientras miraba a su padre y su amado charlar junto a la tripulación que encallaba el barco.
Finalmente habían llegado a Irlanda, aquel lugar mucho más frío de lo que ella estaba acostumbrada, pero, que representaba su salvación y esperanza en un futuro mejor.
No tenía miedo, ya no más. Acariciando su vientre las esperanzas de una vida apacible regresaban, y la promesa que tenía con Bastian Myers latía viva dentro de su corazón.
— ¿En donde estamos mamita? —
Dante miraba el mismo paisaje...