—Ángelo, asesinaré primero a tus hijos, luego a tu cuñada, luego a ti, aunque me tomaré mi tiempo con todos. —El anciano cogió un atizador algo oxidado y se dirigió a la jaula de los prisioneros.
—señor, nos informan que Alexandro tomo otra ruta, es posible que se torciera. Como que se robó el dinero. —un secuaz llega a informarle.
—eso no puede ser posible, y de serlo, le buscaremos a la mamá y le aplicaremos unas quinientas balas para que esa rata salga de su escondrijo. —Giuseppe, escupió al suelo y por poco se le cae la caja de dientes.
—aparte hay algo muy extraño, los vigías de la...