Pasaron unos días que fueron densamente ocupados por los preparativos de la boda, la universidad, el trabajo y la tarea de darse amor de diversas formas, que casi ni dormía. Les toco aplazar el gimnasio, ya que su energía era desviada en los asuntos maritales, o sea a darle como conejos, como trapero en balde, etcétera, hasta que una mañana de nuevo el celular los interrumpió, esta vez era la amiga Mia, quien saludo de esta manera:
—¿Mi mejor amiga que hizo?, mentiras, ya me imagino que cosas sabrosas se la pasa haciendo, amiga para no quitarles tiempo, los llamo para invitarlos al hotel de mi padre en las islas...