Me despierto con los rayos de la claridad que se cuelan por las cortinas como reglas de luz, aunque tengo a mi sol acostado conmigo, su calor me quemo tanto que apenas me acostumbre a él, ahora es una tibieza que me embriaga junto a su olor, ese es mi macho, quien despierta porque lo estoy viendo y bostezando me dice:
—buenos días mi linda esposa,
es algo que desde pequeña me imagine que me dirían, eso me llena de alegría, lo beso dándole los buenos días y eso nos lleva a otra cosa sin importar que estemos agotados y adoloridos. Pero el deseo de nuevo se enciende conduciéndonos a...