Los guardaespaldas no lo lograron agarrar, aunque no se trataba de un ladrón hábil, solo que aprovecho una esquina para quitarse la chaqueta y la gorra, dio media vuelta, inclusive se hizo el golpeado por un perseguido, de esa manera se fugó. Ximena manchó el andén con su sangre, el caco provoco más daño con ese golpe que con el robo de las pertenencias. Eso se reflejaba en la cara de los escoltas, quienes estaban que daban vueltas de la preocupación, diciendo:
—ahora que le diremos al jefe, se pondrá furioso, de seguro nos despedirá y quién sabe que más nos hará, y es que tiene razón, fracasamos en nuestra...