—vamos a acabar hasta con el nido de la puerca. —Ángelo cerro su chaqueta negra y bajo su gorro pasamontañas para que le tapara el rostro, y salto del helicóptero sujetado por una cuerda, al tocar el suelo aterrizo con ambas piernas, corriendo de frente con el arma, se imaginó que se lanzaba a un clavado de una piscina muy alta, ni siquiera giro para ver si sus hombres lo seguían. Neutralizo a un par de guardias y poco a poco la adrenalina le bajaba cuando su tristeza aumentaba.
—señor, recorrimos todo el lugar y no hay rastro de una mujer y dos niños. —el mercenario Can-can le informo, girando...