—¿Lista? —yo asiento necesitada por sentirlo.
El coloca la punta de su miembro en mi abertura, jugando un poco primero con mi humedad y luego poco a poco siento como comienza a hundirse a mí, mis manos inmediatamente se aferran a las sabanas, mis ojos se cierran con fuerza y lo escucho a el respirar profundamente.
—¡Maldición Asier! —jadea sobre mi oído— esto es, joder que estrecha eres, vas a hacer que me corra muy rápido —se queja— y quiero alargarlo, no quiero que este momento termine, aun no.
Sus palabras me llenan, me hacen sentir desea, venerada, querida por lo que lo abrazo y beso sus labios, termina de...