—No digas nada, ¿quieres?
Él se encoje de hombros y me sigue por el pasillo hacia el elevador, donde mientras esperamos me pregunta divertido.
—¿Y a dónde vamos? —lo miro aun divertida y le respondo encogiéndome de hombros
—No lo sé, ¿a dónde quieres ir? —el comienza a reír.
—Mientras estés conmigo el lugar no me importa, pero por favor que no sea muy lejos... me estas matando Asier, ¿quieres contarme ya? —esta vez es mi turno de reír, mientras entramos al elevador.
—No, hay que tener unas cervezas entre ambos para poder hablar de esto.
Su expresión cambia por completo, se vuelve seria, un poco fría y distante, asiente...