El sol se sentía cálido sobre su piel, calentado además de esta a su propia alma.
Había sido una tragedia lo que había ocurrido, una que parecía en su momento no tener final, sin embargo, después del horror que sobrevivió, las nubes comenzaban a despejar el cielo y la tormenta parecía haber quedado demasiado lejos ya.
Héctor sentía la mano de Adara sobre la suya, y los rayos del sol iluminaban sus cabellos rubios haciéndolos brillar como el oro. Los hermosos ojos de la mujer aún guardaban mucho dolor en ellos, reflejando el sufrimiento tan terrible al que había estado sometida y sus labios trémulos le narraban el horror del...