La interrumpo diciéndole que necesito hablar con mi amiga primero. Aaaahhh… Puede que todo esto sea una locura o que esté cometiendo un error. Eh, lamentablemente este embarazo y todo lo que me está sucediendo es producto de mis actos.
Tengo miedo de que Adal se entere y me rechace.
Al parecer la doctora es de las mujeres románticas porque me ha regalado una sonrisa acompañada de un “felicidades”. Ella se apresura a darme la receta que tanto quiero, aún no sé qué haré con el bebé, pero para mientras tengo que tomar esa receta, puede que algún día la necesite.
¡Listo! Ella me la entrega en mis manos y...