Adler al escuchar aquellas palabras de la boca de Emma, lo conmovieron. Cerró los ojos y las lágrimas llegaron a él, un sentimiento abrumador se expandió por todo su pecho, finalmente tendría el privilegio de conocer a un nieto antes de partir de este mundo.
— ¿Qué pasa? —preguntó Max alertado, se levantó y se acercó a él para abrazarlo. —Tranquilo, tranquilo, no quiero que te pongas mal, padre.
—Es emoción, es felicidad, —sollozó Adler, Emma hizo un puchero con sus labios intentando no llorar con él, tenía los sentimientos a flor de piel y más ahora que había aceptado tener un bebé, ser una madre, y ahora es cuando...