Patrick se quedó mirando a la mujer que debería ser su amorosa madre, pero que no mostraba el menor afecto en su porte, ni en sus ojos grises y fríos, y mucho menos en sus palabras o gestos.
Estaba parada mirándolos con desprecio en sus ojos y con los brazos en jarra, mientras al lado de ella se pavoneaba su flamante sobrino, que apenas superaba su cara de estupidez.
Se deshizo a medias del abrazo de la nana y se volteó un poco hacia ellos antes de hablar.
—Si no te dan ganas de vomitar la cara del sujeto que tienes al lado, Ivonne, dudo de que nada más lo...